Logo HOLISTIK · Salud Consciente — Dra. Mabel LojánDra. Mabel Loján
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27 de agosto de 2026 · 3 min de lectura

Sobrevivir también es aprender a vivir de nuevo

Soy sobreviviente de violencia doméstica.

Durante años viví abuso emocional, psicológico, financiero y, finalmente, físico. Viví con un hombre que tenía problemas con el alcohol y aprendí, como muchas mujeres, a normalizar cosas que nunca debieron parecer normales. A aislarme como medida de regulación de mis emociones y de la vergüenza por no poder gestionarlas.

Porque la violencia no siempre comienza con un golpe.

  • A veces comienza con pequeñas humillaciones.
  • Con controlar el dinero.
  • Con hacerte sentir culpable.
  • Con aislarte.
  • Con minimizar lo que sientes.
  • Con pedirte que comprendas una vez más.
  • Con caminar de puntillas para evitar una discusión.
  • Con convencerte de que, si tú cambias, las cosas también cambiarán.

Y poco a poco, lo que al principio nos parecía inaceptable se convierte en nuestra cotidianidad.

La violencia puede escalar lentamente. Y mientras escala, también puede hacerlo nuestra capacidad de tolerarla, justificarla y normalizarla.

Hasta que un día ocurre algo que rompe el límite.

En mi caso, ese límite fue un episodio de violencia física en el que casi perdí la vida.

Me separé.

Menos de un mes después, él falleció.

Pero salir de una relación violenta no significa que todo termine ese día.

Después vino la lucha de enfrentar un sistema legal que, en lugar de hacerme sentir protegida, me hizo sentir nuevamente vulnerable.

Pero necesitamos hablar también de lo que viene después de sobrevivir.

De la mujer que tiene que reconstruir su autoestima.

De la que tiene que aprender nuevamente a confiar.

De la que siente culpa cuando se ríe.

De la que tiene miedo de volver a amar.

De la que tiene que recuperar su independencia económica.

De la que lucha con la depresión.

De la que no sabe cómo cuidar de sí misma.

De la que no sabe cómo dejarse querer.

De la que vuelve a empezar sintiendo todas sus emociones en contra.

De la que todavía tiene días difíciles muchos años después.

Yo quiero hablar de esa parte.

Porque sobrevivir no significa que un día despiertas y todo está bien.

A veces sobrevivir significa aprender, poco a poco, que tienes derecho a una vida que no esté definida por lo que te hicieron.

Que puedes volver a reír.

Que puedes volver a enamorarte.

Que puedes construir una carrera.

Que puedes aprender a manejar tu dinero.

Que puedes equivocarte.

Que puedes cerrar una puerta.

Que puedes empezar de nuevo.

Y, sobre todo, que no tienes que sentir culpa por estar viva y por querer ser feliz.

Yo sobreviví.

Pero mi historia no terminó cuando salí de aquella relación.

Mi historia empezó otra vez cuando decidí que quería vivir.

Aún no he aprendido a dejarme querer.

Estoy en terapia. Tengo un equipo multidisciplinario de profesionales que me sostienen, una red de apoyo internacional que me muestra a diario que soy amada y que soy valiosa; y una Fe que me recuerda que, gracias a ese pilar, puedo sostenerme día a día, minuto a minuto.

No tengo todas las respuestas. Todavía estoy aprendiendo.

Pero quiero que mi voz permita a las mujeres que aún no pueden encontrar la suya a que se atrevan a reconstruirse, a creer que también pueden volver a vivir.

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